lunes, 15 de marzo de 2010

Silencio Hablador

Escribiendo esto por un momento me sentí tonto... y no pude evitar sonreir, sentía a mi pluma riéndose de mi llamandome inocente, pero a la vez no pude evitar sentirme vivo, completo, tal vez frágil e inocente... me sentí humano...



Silencio Hablador

Vagabunda errante se ha vuelto mi pluma
viajando por los rincones aun desiertos
de aquello que como desconocido vive
en la prosa no escrita en lo profundo del papel del tiempo.
Gira sobre el pergamino como bailarina graciosa
dibujando trazos largos y cortos, rectos y curvos,
que aún, sabio y lleno de días, nadie podría entender.
¿Cómo explicar el anhelo y el sueño
cuando exentos están de cordura?
Aún mi pluma, con trazo de años, con vida sin tiempo,
no encuentra así palabras,
pues no encuentra obra terminada
que la gracia hallada en tus ojos pudiera nombrar,
no hay línea, ni color alguno que asemeje tu belleza.
Color de oro y miel
que cantan ojos más valiosos que mil tesoros,
con la profundidad del mar,
con la ternura de las nubes.
Labios de rosas y flechas
que en la apacible llovizna mansa, tierna y dulce,
sueltan el aliento único que en gotas interminables
bañan al valle con el aroma de la tierra mojada
y le devuelven la vida en el verde color de su renacer.
Ahora silencio guarda mi pluma, nuevamente se detiene,
para solo volver a bailar y con el aire cantar...
Sonriome en mi ignorancia,
sonriose mi pluma en inocente callar...
porque sin palabras me deja tu belleza,
sin letras me haz dejado en cada suspirar...
Vivo me siento, aunque ignorante me he vuelto,
derrotado he sido por una sonrisa y una luz,
por la sonrisa del Sol, por el aliento del cielo,
por los ojos del amor
que en tu ser reflejaron mi vivir,
que en tu voz dieron camino a mi seguir.

David Reese - 15 de Marzo de 2010

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