martes, 15 de junio de 2010

A veces



A veces

A veces creo verte
hablandome en el soplo apacible
de la sonrisa de un niño,
en la voz delicada de sus ojos
que, sin decir más, solo llegan a mi.
A veces creo tocarte
cuando elevando mis manos hacia tí
encuentro mi corazón cantando tu amor
y viviendo el tiempo incontable
que en tu mirar
son el gozo de mi existir.
A veces creo escucharte
cuando en la voz callada
del viento poeta
encuentro las notas de la melodía
que un día, en un baile de arte,
dió forma a las nubes y color al cielo.
A veces, ese "a veces"
que no tiene tiempo,
que solo se vive y se espera,
que solo se busca y se atesora,
que cambia, que canta, que vive.
Ese "a veces" que creía imposible,
que creía perdido,
que era para mí desconocido,
que en tus brazos se hace eterno,
incomprensible, pero hermoso y dulce.
Ese "a veces" que se hizo un "siempre",
que se tradujo en la presencia de tu amor
en el "paso a paso" de un camino desconocido
que recorro seguro tomado de tu mano;
donde caer no es morir,
sino crecer para avanzar... y seguir...
donde solo me sonries y me guías
me hablas y me miras,
me enseñas y me corriges,
pero nunca me abandonas...
¡Si miro al frente veo tanto por recorrer!
Pero veo así mismo, en tí, tanto por qué vivir,
tanto por qué ser y existir.
Letras que vienen y van
en la melodía silenciosa del tiempo que pasa
me cuentan cuán bueno es Mi Señor,
cuán Grande es mi Dios,
a quien sirvo, por quien vivo
a quien canto.

David Reese - 15 de Junio de 2010

viernes, 11 de junio de 2010

Vive en tu Sonrisa



Vive en tu Sonrisa

Entiendo lo que dicen tus ojos
en ese mar de palabras que quisieran salir,
escucho esas voces que sin sonidos hablan
y en tus ojos describen sentimientos
que en esfuerzo tiránico
se encierran en lo profundo;
en ese silencio de muerte
que suspira en tus ojos
que llega a mi corazón como un soplo
de triste pesar que no calla.
Quisiera en mis manos tener la llave
que libertare tu alma
de los secretos que escondes.
Quiero hacerte libre,
darte a conocer el color del sol;
mostrarte ese brillo vivo
que nace del calor de tu sonrisa,
esa dicha inmensa de tu solo existir.
Quiero enseñarte
que aquel perfume de tu aliento
deja mudas a las flores en admiración
y que la dulce caricia que encarna tu voz
tiene el trazo tierno
del pincel de un sabio pintor.
¿Cómo puedo yo encontrar esa llave
y liberar esos sueños de niña?
Dime, princesa mía,
si en lo profundo de tus ojos
puedo sembrar una sonrisa,
esa sonrisa que no pudiera morir,
que no solo tuviera palabras,
sino también argumentos
y luz diera a los días grises
que pudieran cubrir
el tiempo de tu presencia.
Te doy esta semilla encendida
llena de mi amor y mi dicha
que espero compartas dulce y viva,
que te descubra que la luz del día
está en lo vivo de tu sonrisa.

David Reese - 11 de Junio de 2010