viernes, 15 de julio de 2011

Una Página en Blanco



Una Página en Blanco

Silenciosa ha cautivado mi mirada,
sin mediar acuerdos ni vestirse de luz.
Llamó a mis ojos como obra divina
que inconclusa crece por si misma
y marca el silencio sin hablar.
Pareciera vacía,
sin camino, ni voluntad, ni andar.
En su mudo existir imita sueños
que escrito dejan su andar en el alma
aunque no dejaren huella en los recuerdos.
Me acerco y siento su aroma,
que describe las notas de lo olvidado,
que habla de carreras sin tiempo,
epocas sin historiador
que como cuerdas rotas de una guitarra
enterrada en el rincón de lo perdido
no tienen sentido sino para el corazón sensible
del alma del artista vivo,
que en lo profundo sintió la voz
que dibujo en el aire la partitura perfecta
del nacer del sol.
Blanca, como vacía y muda, la llaman,
pero ni aún su color se asemeja,
porque la piel de su rostro tiene
el surco del cincel de los años.
En sus ojos ha guardado la sabiduría
del pasar incontable de las horas;
que, sin el poder de volver atrás,
puso en su cuerpo el color del alba;
que dicta la verdad única de todo aquello,
que aún siendo real y tangible,
ni el hombre más sabio
pudo escribir.

David Reese - 15 de Julio de 2011